Mostrando entradas con la etiqueta aprendizaje. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta aprendizaje. Mostrar todas las entradas

lunes, 15 de marzo de 2010

15 de Marzo.

Nunca he entendido de música. Quizás porque la mayor parte de las actividades que las personas realizan escuchando algo yo tengo que hacerlas en silencio para no desconcentrarme (incluido este artículo) o que sencillamente nunca he querido dedicarle el tiempo que se merece. Así que siempre me he sentido un chico raro en ese sentido, y a día de hoy todavía no me se el nombre de ninguna canción de Metallica o me encuentro con estilos musicales de los que no puedo recordar ningún grupo.

Hace un tiempo quise ir cambiando esto. Y hoy he escuchado en la radio la más que interesante historia de Django Reinhard, un gitano francés que supo revolucionar el jazz tocando solo con dos dedos de su mano izquierda, y del cual recomiendo encarecidamente su escucha.

Me he sentido bastante bien conmigo mismo al reconocerle por su música antes de que hablaran sobre él. Y es que hace ya unos meses le pedí a mi amigo Fralala (que por cierto es una lástima que no escriba en un blog sobre esta materia) que poco a poco me enseñara un poco de cultura musical. Por lo que de vez en cuando conversamos sobre grandes guitarristas, tipos de música y grupos de calidad. Mira por donde está sirviendo de algo.

Fralala me ha demostrado que se pueden aprender cosas sin necesidad de estudiar o siquiera leer. A veces solo basta encontrar a las amistades adecuadas para poder sacar de ellas algo útil. Todo es encontrar un tema que a él le apasione y a ti te interese. Probarlo.

Su última aportación ha sido la canción de “Lucía” de Serrat y el guitarrista argentino Cacho Tirao. A ver cuando me los encuentro por la radio.

martes, 2 de marzo de 2010

2 de Marzo

Recuerdo que en mi convulsa adolescencia, de semi bala perdida enderezada a tiempo, creía sin lugar a duda que en cualquier momento podía dejar los estudios y dedicarme a las obras. Pensaba que era un trabajo duro pero jamás se me ocurrió que no fuera rentable, es más, estaba completamente seguro de que con él se alcanzaba un nivel de vida más que aceptable. Seguí estudiando tan solo por la exigencias de mi madre, los valores de mi entorno y cierta predisposición a valorar el conocimiento. Pero la posibilidad de dejarlo todo por el ladrillo siempre estaba ahí.

No se si ese pensamiento acompañó a toda mi generación, pero las estadísticas indican que a buena parte al menos si. La burbuja inmobiliaria prometió a más de un millón de trabajadores que podían vivir de ella eternamente y ahora estamos como estamos, que hasta cansa teclear por un tema del que se ha hablado tanto.

¿Y qué hacemos con ellos ahora?

La última idea del gobierno es mover esa industria recalentada hacia sectores más productivos y con más futuro, pero que a la vez no impliquen una formación laboral que los parados ya no pueden permitirse, como pueden ser la rehabilitación de viviendas o el desarrollo de las infraestructuras de las tecnologías de la información (a España le vendría muy bien a más de un operario instalando la banda ancha). Estás medidas irían acompañadas por una continuación de la apuesta por las energías renovables, el impulso del coche eléctrico y la reducción sea como sea del déficit público.

El problema es que por ahora es solo eso, una idea, que a día de hoy se presentan una sucesión de planes prácticamente idénticos entre si pero no se termina de concretar desde donde va a venir el tijeretazo para sacar fondos, y que todo el planteamiento padece de bases bastante discutibles (como la obsesión de generar empleo lo más rápidamente posible, continuando lo de “pan para hoy, hambre para mañana”).

Pan para hoy, hambre mañana. Curiosa frase, más cerca del verdadero eslogan de nuestra casta política que de refrán.

lunes, 22 de febrero de 2010

22 de Febrero.

Una de los clásicos motivos para no embarcarse en un proyecto es calcular que antes de llegar a los resultados queridos ya habremos perdido la motivación, o que una vez aparcado, los conocimientos obtenidos se evaporaran. No parece tener mucho sentido aprender a tocar la guitarra si las canciones preferidas no estarán al alcance, o estudiarse el temario de Constitucional III si a las dos semanas va a marcharse sin dar portazo siquiera

Este planteamiento, no obstante, es bastante erróneo, como demuestra la base de la educación donde en cada curso te obligan a aprender temas y más temas sabiendo que luego que se olvidarán. Pues lo fundamental no es aprender algo, sino aprender a aprender (servida queda la redundancia), obteniendo el valor más importante: la flexibilidad acompañada de la voluntad para servirse de ella.

Así, lo importante es que después de años de estudio seas capaz de memorizar y sintetizar información sin ningún problema, para luego aplicarla en el momento justo. O tras años y años de vagar por los deportes tengas el espíritu para enfrentarte a uno nuevo con la tenacidad suficiente. Que no es lo mismo quien empieza esgrima sin haber tocado nunca nada parecido, o un servidor, que está ligeramente acostumbrado a eso de los deportes, con la consiguiente ventaja de 7-1 en el primer enfrentamiento.

¿No se nota que quiero pavonearme del resultado de mi primera clase de esgrima?