Ahora mismo, junto a mí debería de haber, y no hay porque se ha perdido, un folio con una serie de palabras sacadas de la última novela que leí (tautología, disyuntiva, rapsodia…) La mayoría de dichas palabras me sonaban bastante y todas ellas eran fácilmente comprensibles por su contexto. No obstante las fui escribiendo de forma metódica mientras leía para después averiguar el significado exacto de cada una de ellas (si si, bla bla, es pedante) Igual que me esfuerzo, sin esforzarme ya realmente, en leer cada vez mas el periódico o intento cuidar mi ortografía (y mejorarla) al escribir por el msn. Considero importante cuidar la lengua materna. Dicho afán viene, sobre todo, por la influencia de casi mi amiga mas antigua que a mi edad ya anda escribiendo novelas, acto que es como poco destacable.
Y lo curioso es que, ni ella ni yo, hemos acabado en filología hispánica. Objetivo que estuve apunto de emprender por dicha influencia pero que se truncó al descubrir que algunos aspectos teóricos de la lengua (sintaxis y morfología sobre todo) junto a mi poca capacidad para aprender idiomas, harían que hasta el bachiller previo se me hiciese excesivamente pesado. Al final me di cuenta que mi verdadera vocación era bien distinta y que, mas bien, concebía al lenguaje no como un fin, si no como un medio.
Un medio con un peso en la sociedad que considero insuficiente. Pues mientras que todo el mundo; pero oye, todo el mundo: hasta el panadero de tu pueblo ese que no ha salido de Albacete en su vida, te anima para aprender otro idioma ¡ojo! que no digo que eso no es importante (más bien básico con la sociedad que nos espera) nuestro idioma general queda delegado a un segundo puesto.
Me da un poco de lastima que ya no se valore como se merece su estudio y dominio. Echo en falta esa devoción por la palabra bien escrita y por el uso correcto de cada uno de los vocablos. Me entristece darme cuenta de que una mayoría de estudiantes de periodismo no leen el periódico todos los días. Y ya es que me repatea un cojón como se desdeña a las personas que estudian filología por considerar ese conocimiento inútil o no rentable (pararos a pensar en el concepto de conocimiento no rentable)
A escribir se aprende escribiendo y a leer se aprende leyendo. Es mas fácil de lo que se piensa adquirir vocabulario y la ortografía se mejora casi por arte de magia cuando se le pone un mínimo empeño. Quizás me este volviendo pretencioso, porque no puedo evitar deciros que un buen propósito este año para todos sería el de escribir, leer y comprender un poco mas que el anterior. A Buenas horas mangas verdes Boeder, que os vengo ahora con propósitos de año nuevo.
Y no me voy sin mencionar a todos esos amigos que aguantaron todos mis vulgarismos (cobrándose el derecho a recordarlos y reírse) y, por los cuales, hablo, escribo y comprendo como lo hago ahora. Sin ellos seguramente este blog no hubiese sido lo que es. Gracias majosalaos.
domingo, 28 de septiembre de 2008
lunes, 22 de septiembre de 2008
La universidad.
Acompañado del sonido del abrir de carteras, del tímido rasgueo del bolígrafo o del pedante iniciar de un post, la universidad abre sus puertas para los novatos. ¡Y que novatos! Después de una oprimente E.S.O y de un vacuo bachiller, la universidad se presenta incluso en su primer día como algo completamente nuevo: ya sea por la nueva forma de las aulas (imitando al diseño griego de los teatros) el carácter amigable de los compañeros (quien no vaya a la universidad pensando en hacer amigos es un bicho raro) o por una relación entre los alumnos y el profesor completamente adulta; La universidad se muestra como un estilo nuevo de estudiar y de relacionarse. Un estilo que supondrá claras mejoras y claras dificultades, de las que surgirán probablemente una riada de suspensos antes de la necesaria adaptación (la ostia en el escalón señores, la ostia en el escalón)
Todo estudiante se tendrá que acostumbrar a un modo de estudiar distinto. Partiendo de la base de que su antigua forma de aprender nacía de un concepto jodidamente erróneo (frase/guiño personal a Liber) muchos de ellos tendrán que acostumbrarse a marchas forzadas a un estilo donde se les exigirá todo y nada a la vez. Se acabaron las miradas de reproche o las llamadas a los padres por faltar a una asignatura. Ahora el profesor solo esta para enseñar y evaluar. Somos dueños de nuestros actos. Responsabilidad de doble filo: pues de esos actos también vendrán unas consecuencias que tendremos que afrontar solos. El alumno recogerá lo que siembre, y únicamente lo que siembre. Lo que seguramente acarreara más suspensos de los deseados por una cantina y unas amistades en demasía atrayentes.
Pero nada de lo anterior será un obstáculo para vivir unas experiencias muy, pero que muy, satisfactorias. Se promete una vida llena de cafés y charlas, nuevas amistades, amores y desamores, fiestas que jamás tienen fin y la posibilidad de emprender las primeras grandes aventuras de la vida. Además, sea la carrera que sea, el alumno ganará dos bienes únicos: cultura popular y sentido común. Se empieza una etapa donde ya no se pide pensar, se exige pensar. No aprovechar toda esa coyuntura de charlas, exposiciones, debates, etc... Es casi todo un delito sobre nuestra experiencia vital.
Resumiendo, la universidad es una joya que no hay que perderse en la vida. Desearme suerte.
Todo estudiante se tendrá que acostumbrar a un modo de estudiar distinto. Partiendo de la base de que su antigua forma de aprender nacía de un concepto jodidamente erróneo (frase/guiño personal a Liber) muchos de ellos tendrán que acostumbrarse a marchas forzadas a un estilo donde se les exigirá todo y nada a la vez. Se acabaron las miradas de reproche o las llamadas a los padres por faltar a una asignatura. Ahora el profesor solo esta para enseñar y evaluar. Somos dueños de nuestros actos. Responsabilidad de doble filo: pues de esos actos también vendrán unas consecuencias que tendremos que afrontar solos. El alumno recogerá lo que siembre, y únicamente lo que siembre. Lo que seguramente acarreara más suspensos de los deseados por una cantina y unas amistades en demasía atrayentes.
Pero nada de lo anterior será un obstáculo para vivir unas experiencias muy, pero que muy, satisfactorias. Se promete una vida llena de cafés y charlas, nuevas amistades, amores y desamores, fiestas que jamás tienen fin y la posibilidad de emprender las primeras grandes aventuras de la vida. Además, sea la carrera que sea, el alumno ganará dos bienes únicos: cultura popular y sentido común. Se empieza una etapa donde ya no se pide pensar, se exige pensar. No aprovechar toda esa coyuntura de charlas, exposiciones, debates, etc... Es casi todo un delito sobre nuestra experiencia vital.
Resumiendo, la universidad es una joya que no hay que perderse en la vida. Desearme suerte.
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